Escribe: Cindy Chanduvi

El último viernes no fue un día cualquiera para las mujeres damnificadas del campamento San Pablo, ubicado en el km 980 de la vía Piura- Chiclayo. Este viernes se hizo oficial la Red de mujeres tejedoras de la Esperanza que ahora tienen un espacio donde reunirse, tejer, intercambiar experiencias y vender sus productos.

Canastas, sombreros, carteras, monederos, abanicos y sobretodo mucha experiencia que compartir es lo que encontrará si acude a la carpa implementada para esta Red compuesta por cerca de 100 tejedoras, en su mayoría mujeres afectadas por el Niño Costero de 2017.

Hasta este campamento llegó la Ministra de la mujer y poblaciones vulnerables, Ana María Choquehuanca, para juramentar a la directiva de esta Red y a la vez prometer que el siguiente paso será continuar con las capacitaciones con el fin de afinar la producción de artículos de paja, mientras se gestiona mercados nacionales e internacionales para la exportación de estos productos.

La ministra de la mujer llegó hasta San Pablo donde lanzó la Red de mujeres tejedoras de Esperanza.

VENCIENDO LA ADVERSIDAD

Si está pensando que estas mujeres la han tenido fácil con el apoyo del Ministerio de la mujer para emprender su negocio, se equivoca. A muchas de ellas les ha costado no solo lidiar con los efectos del Niño Costero, sino también con el de un entorno familiar machista que las sometía a las labores de la casa.

El rostro de Dionisa Juárez Silva expresa la alegría y los nervios que sienten muchas mujeres que ven dado el primer paso para más adelante lograr que sus productos sean exportados a otros países. Me cuenta que tiene 32 años y es madre de tres menores.

Junto a otra mujeres de su localidad, Dionisia ha aprendido, desde hace ya algunos meses, a confeccionar productos hechos de paja toquilla.

Yo aprendí tejiendo botellas. De ahí, he aprendido a teñir; estoy aprendiendo a hacer cofres y rosas (de paja toquilla)”, cuenta con entusiasmo.

Dionisia Juárez orgullosa de que su trabajo le permita costear los pasajes para que su hija vaya a estudiar a Piura.

Pero, para Dionisia el mayor orgullo no necesariamente es haber aprendido el arte de tejer, sino que los ingresos por este negocio le permiten costear los pasajes diarios de su hija, que estudia la secundaria en Piura.

Yo la mando a estudiar a Piura. Son 10 soles para que vaya y venga, para que tenga una buena educación”, expresa orgullosa.

Añade que la educación de su hija mayor es su prioridad y que sueña con verla convertida en una profesional para que “nadie la haga sufrir y se sepa defender sola”.

A todas las mujeres, Dionisia Juárez se anima a decirles que sí es posible salir adelante, a la vez que las motiva a no dejarse manipular por nadie y denunciar cualquier tipo de abuso.

QUE SIGA EL APOYO

Termino de hablar con Dionisia y de pronto llama mi atención una mujer que con su mirada recorre cada uno de los espacios de la carpa levantada para reunir a estas mujeres tejedoras. Es María Aquino Marcelo y tiene 53 años.

Quizás por la experiencia que dan los años, María busca que todo esté en su lugar. Converso con ella y me cuenta que “ya tejía desde antes que se salga el río” (27 de marzo 2017).

María Aquino espera que no cese el apoyo a la Red de mujeres tejedoras de Esperanza.

Fue difícil todo lo que vivimos, pero ahora nos sentimos alegres porque vamos saliendo adelante y vamos a poder seguir progresando”, dice María.

Recuerda que tras el desborde del río Piura, una ONG llegó a la zona y les compró la paja y todo el material para retomar su trabajo como tejedoras. Y si bien, ahora son una Red espera que no cese el apoyo.

Necesitamos un horno y una planchadora para afinar el proceso de confección de nuestros productos, le hemos dicho a la ministra [de la mujer] que nos gestione esta ayuda para mejorar el acabado de lo que tejemos”, expresó María.

Al igual que Dionisia y María son cerca de 100 mujeres que ahora esperan también el apoyo de la población e instituciones. ¿Cómo hacerlo? Comprando sus productos.

Cada vez que piense en redecorar la casa o algún regalo pendiente que tenga que dar, procure ir hasta el campamento San Pablo, está a 20 minutos de Piura en la vía Piura- Chiclayo, a la altura del peaje. No solo encontrará productos, también hallará experiencias de tejido y sobretodo, experiencias de vida.

¡Cómprele a Piura, cómprele a las tejedoras de San Pablo!

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