Uno de los debates abiertos que dejó el censo nacional del 22 de octubre estuvo centrado en la identificación del jefe o jefa del hogar. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), esta categoría corresponde a quien más aporta económicamente y toma las decisiones financieras dentro de una familia.

Una reciente investigación de Ipsos Perú, elaborada con datos de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), del INEI, muestra que el porcentaje de familias con jefas de hogar se ha incrementado en los últimos años.

Actualmente, el 28,9% de hogares del país cuenta con una jefa de familia (cerca de seis puntos porcentuales por encima de lo registrado hace una década). La cifra es mayor en Lima Metropolitana, donde la participación femenina sobrepasa el 30%.

Este índice es más alto en los sectores socioeconómicos D y E de la capital, donde el 38,6% y el 33% de hogares están mantenidos principalmente por una mujer, respectivamente. En los sectores más favorecidos, bordea el 21%. Es decir, a menor riqueza, mayor presencia de jefas del hogar.

A contracorriente 

Según el perfil promedio de la jefa del hogar en los estratos más bajos a nivel urbano, esta tiene 48 años, es madre de tres hijos y trabaja principalmente en el rubro minorista (como la venta ambulante) o es proveedora de servicios no calificados.

Surge una pregunta: ¿por qué hay más jefas del hogar en los sectores de mayor pobreza? Por una serie de factores sociales estructurales como un entorno de violencia, altos niveles de embarazo adolescente y abandono del hogar, que obligan a las mujeres a tomar las riendas de la familia.

Según Ipsos, solo en el 16,3% de los hogares regidos por una mujer hay un hombre como pareja. En el sector E, esa cifra es menor y bordea el 13,6%.

Carolina Trivelli, titular del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis) entre el 2011 y el 2013, e investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), señala que en estos casos es más difícil generar ingresos, dado que hay un solo adulto proveedor en la familia. “Las mujeres más pobres tienen bajos niveles de educación, lo que dificulta aun más su salida de la pobreza”, dice.

Leda Pérez, investigadora de la Universidad del Pacífico, añade que las labores del cuidado de los miembros de hogar aún recaen socialmente sobre la mujer, a lo cual se suma la ausencia de servicios de cuidado para sus hijos que le permitan trabajar más horas durante la semana.

“Este es un problema compartido por todas las mujeres. Lo que diferencia a una mujer de estratos altos de una pobre, es que la última carece de recursos para pagar a una persona que se dedique al cuidado de sus hijos. Hay muchos estudios globales que hablan de la idea de la corresponsabilidad para el cuidado de niños y personas adultas. Éste no debe ser una labor que recaiga sobre la mujer solo por su género, sino que es una responsabilidad de sociedad”, señala Pérez.

Jefas autónomas

Surge otra pregunta: ¿qué caracteriza el manejo de una jefa de hogar? Paola Bustamante, quien fue ministra de ese sector entre el 2014 y el 2016, indica que los resultados de programas sociales como Juntos revelan que la madre suele ser más eficiente en el gasto y el ahorro familiar que el padre. “Cuando se realiza una transferencia condicionada a una mujer en situación de pobreza o pobreza extrema, hay más garantía de que ese recurso se invierta en el hogar en comparación con un hombre. La madre también suele ahorrar un porcentaje de este monto”, dice.

El Midis trabaja en varias ciudades con mujeres organizadas a través de los comedores populares y del programa Cuna Más, en que las madres pueden dejar a sus hijos mientras trabajan o buscan empleo. “Dentro de los programas sociales hay una relevancia en el enfoque de género. Tenemos lineamientos donde promocionamos la autonomía económica de las mujeres en el marco de las políticas del Midis”, comenta Jorge Apoloni Quispe, viceministro de Prestaciones Sociales.

Trivelli considera, finalmente, que en las zonas urbanas es necesaria la implementación de una estrategia coordinada con los ministerios de Trabajo y Promoción del Empleo, Salud y Educación para apoyar a las jefas de hogar a mejorar sus condiciones de vida y empleabilidad.

Para Federico Arnillas, presidente de la Mesa de Concertación para la lucha contra la pobreza, las políticas a nivel urbano deben incluir medidas para la prevención y reducción de enfermedades, así como de la violencia que aqueja a la población vulnerable, especialmente a mujeres, niñas y adolescentes.

“Los esfuerzos que haga el Gobierno deben mantener una mirada global del problema. En Perú, enfrentar la pobreza urbana requiere incluir medidas para la prevención y reducción de la anemia, la tuberculosis, el VIH o el embarazo adolescente. En el caso de la mujer, también es importante aumentar los servicios de cuidado diurno para sus hijos, sumado al fortalecimiento del sistema de prevención y protección contra la violencia que las afecta”, explica Arnillas.

Estadísticas

*Según estimaciones del Midis, el 20,7% de las mujeres en el Perú (3,37 millones) son pobres.

*Sin embargo, existe otro 46% (7,5 millones) que es vulnerable a la pobreza, es decir, que puede volver a caer en ella ante alguna eventualidad negativa.

*Los hogares dirigidos por una mujer tienen 30% más de riesgo de caer en la pobreza.

*Según Ipsos Perú, el ingreso familiar promedio de un hogar encabezado por un hombre es de S/3.436, y el de una mujer es de S/2.889 (16% menos).

(Fuente: El Comercio)

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