Pobladores de sectores vulnerables de Castilla, aún recuerdan cómo las torrenciales lluvias los dejaron sin su espacio de vida y lo único que esperan es recuperar su vivienda.

Grumilda Guerrero, contó a Cutivalú que ha tenido que improvisar un cuarto con las calaminas del techo que se desplomaron por las fuertes lluvias del “Niño Costero”. Indicó que nunca olvidará el domingo 12 de marzo, en donde lo perdió todo.

“La noche del 12 de marzo, el agua nos daba hasta el pecho, no paraba de caer, se llenaba por todos lados y se metió por las puertas. Nos desesperábamos viendo a los bebés llorando y hemos salido con lo que teníamos puesto”, comentó la morada del asentamiento Tacalá.

A ello se suma el temor de que su familia se contagie del mortal dengue, por lo cual Grumilda Guerrero señaló que todos los días deben cerrar sus puertas, prender palo santo y echarles repelente a sus hijas para no ser picados por los zancudos.

Por su parte, María Lumbre vive una realidad más dura, pues ella y su familia, han sido acogidas por unos vecinos quienes le ofrecieron su casa, pues su vivienda se inundó tres veces y su piso se asemeja a arenas movedizas.

“Mi casa llegó a tener una capa de 60 centímetros de lodo, porque el nivel del agua llegó más de un metro. Los de Defensa Civil llegaron, supervisaron, tomaron fotos, y hasta el día de hoy no llegan.”, relató María Lumbre

Asimismo, detalló que lo único que recuperó fue una cama y un colchón. “No tengo nada. Todo lo demás está con barro. Mis animalitos se perdieron, al igual que los juguetes y ropa de mis hijos. Lo poco que tenía el desastre me lo quitó”, sostuvo.

Foto: Mishell Salazar Abarca – UPC 

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