(Foto: Grupo La República)

Escribe: Federico Chunga Fiestas

La resolución del Indecopi que ordena a dos cadenas de multicines permitir el libre ingreso de canchita, gaseosas y otros productos en las salas de proyección, ha desatado una discusión sobre la bondad de la medida que en el fondo es una discusión sobre los límites de nuestro modelo económico de libre mercado.

Un gran sector de la ciudadanía está de acuerdo con Indecopi, pues considera que hace justicia frente a empresas que año a año encarecen desmedidamente sus productos. Por ejemplo, un combo básico, que en la calle cuesta tres soles con cincuenta céntimos, llega a costar más de quince soles en un multicine, es decir, por lo menos 500% más. Esto se debe a que dentro del cine las empresas monopolizan la venta de estos productos y al hecho de que socialmente hemos terminado asociando cine y este tipo de comidas de modo indesligable.

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Los detractores de la medida han sido muy duros. Han llegado a afirmar que Indecopi considera a los consumidores como imbéciles o personas sin inteligencia. Afirman que nadie los obliga a comprar en dulcería y que por tanto las empresas son libres de poner el precio que consideren si es que este finalmente es pagado por quienes voluntariamente acceden a hacerlo. Hay detrás de estos argumentos dos ideas que por lo menos vale la pena cuestionar. El primero es que las empresas pueden poner el precio que quieran y que es el consumidor quien decide si paga o no. El segundo es que las empresas no obligan al consumidor a comprar en su dulcería sino que les dejan la posibilidad de ingresar a la sala sin nada.

Ambos argumentos son verdades a medias y parten del común error de tratar a las personas solo como consumidores, es decir, meros compradores, y no como ciudadanos, es decir, personas con derechos. En este caso, por ejemplo, es evidente que se restringe de modo injustificado varios derechos, entre ellos, la libertad de elegir qué producto comprar.

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Las tiendas comerciales, los locales de entretenimiento, no son zonas liberadas donde los comerciantes pueden hacer lo que les parezca. Por eso la Constitución y la ley le encargan al Indecopi corregir esas distorsiones. No se trata de romper el libre mercado sino, por el contrario, fortalecerlo, porque el libre mercado no busca la libertad de las empresas solamente sino, principalmente, la libertad de las personas.

En este caso Indecopi ha resuelto con buen criterio que hay una flagrante vulneración del derecho legal a la libre elección, que coloca a los ciudadanos en una situación de desventaja cuando no se les deja llevar otros productos similares al cine. Si un diabético quiere llevar una bebida zero no puede si el multicine no lo vende, o una manzana, o frutas secas, mucho más saludables.

Lo que exige el libre mercado en estos casos no es obligar al ciudadano a comprar en el multicine o no comprar nada, porque allí no hay ninguna elección. Lo que exige es darle las más amplias posibilidades de elegir. Esto obligará a los multicines a mejorar sus ofertas si quieren, de verdad, competir libremente.

Nunca debemos olvidar que no somos simples consumidores sino ciudadanos con derechos y que estos deben ser respetados no solo por el Estado sino también por las empresas.

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