Los críticos, en cambio, afirman que la crisis se debe a estrictos controles de divisas y de precios que están vigentes desde hace más de una década, y a una política económica mal planificada.

Bajo el resguardo de las fuerzas de seguridad, una multitud de venezolanos se congregó el sábado en las afueras de algunos supermercados de Caracas, horas después de que el Gobierno del presidente Nicolás Maduro ordenó a sus dueños bajar los precios en medio de la mayor crisis de alimentos en el país.

La medida obligó a más de 200 supermercados a reducir los precios a los niveles de hace un mes a pesar de la hiperinflación que azota a la nación petrolera.

En un local ubicado en una exclusiva zona del este de Caracas, cientos de personas, incluidos bebés, jubilados y niños con discapacidad, hicieron filas antes del amanecer, en horas en las que reinó el caos.

“¡Tenemos hambre! ¡Queremos comida!”, gritaban en coro, mientras golpeaban las puertas de un importante supermercado del el este de Caracas que estuvo cerrado durante horas.

El mandatario venezolano decretó un alza del salario mínimo, aunque a la tasa del mercado paralelo representa solo dos dólares por mes. La moneda venezolana, el bolívar, se ha debilitado alrededor de un 98 por ciento frente al dólar en el último año.

Los precios de los alimentos básicos aumentan casi a diario en un país donde ya muchos tasan en dólares su mercancía pese a que la población no tiene forma de comprar divisas debido al férreo control de cambio que mantiene el Gobierno.

(Fuente: El Comercio)

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