“El GEIN nació para capturar especialmente a Abimael Guzmán”, recordó ‘Gaviota’, exagente del GEIN

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El 12 de setiembre de 1992 se realizó la “captura del siglo”, del cabecilla de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reynoso, gracias al Grupo de Inteligencia del Perú (GEIN) de la Policía Nacional del Perú, luego de un minucioso trabajo de observación, vigilancia y seguimiento.

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Tras 27 años de la denominada “Operación Victoria”, el GEIN, logró capturar a la cúpula de Sendero Luminoso, que desde 1980 empezó sus acciones senderistas afectando sobre todo al interior del país.

Es preciso destacar que, según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, dejó aproximadamente un total de 31 mil muertos.

Conversamos con una de las integrantes del Grupo de Inteligencia del Perú (GEIN), Ana Cecilia Garzón Pérez, más conocida como “Gaviota”, para saber más detalles de esta operación que culminó en la captura de Abimael Guzmán.

¿Qué rol cumplía el Grupo de Inteligencia del Perú (GEIN)?

El Grupo Especial de Inteligencia Nacional (GEIN) nació de la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote) que se encargaba de los mandos medios porque era lo que disponía la policía antes de que sea unificado la guardia civil y la guardia republicana. Traían a los detenidos y los llevaban a la Dircote para poder investigarlos. El GEIN se crea para poder capturar mayormente a toda la cúpula de Sendero Luminoso, especialmente a la cabecilla que era Abimael Guzmán y a Víctor Polay Campos. Era un trabajo minucioso y constante de los 82 agentes que fuimos seleccionados, y que trabajábamos constantemente día y noche. A veces no creían en nosotros, tuvimos 12 operaciones y la última fue la captura del siglo, la captura de Abimael Guzmán.

¿Solo tres mujeres pertenecían al Grupo de Inteligencia del Perú (GEIN)?

Así es, solo hemos pertenecido 3 mujeres, el resto eran hombres, trabajábamos con una gran cantidad de varones.

► ¿Cómo se sintió al trabajar rodeada de tantos hombres y en este grupo tan importante?

Cómoda, porque somos una familia, convivimos las 24 horas del día, nos protegíamos unos a otros, desde el jefe hasta el que, manejada el carro, sabíamos que si algo nos pasaba el otro iba a apoyar, ese era nuestro trabajo.

¿Cómo es que llega a pertenecer al Grupo de Inteligencia del Perú (GEIN)?

Desde que salí de la escuela policial en el año 85 trabajé en la Dircote, me decían que trabajar allí era una zona de castigo, porque desde el 84’ convulsionó el país con el terrorismo. Mi familia tenía miedo de que yo muera. Yo les decía que ante todo era policía y quería trabajar allí. Fui a la Dircote y me pusieron en un delta, que eran oficinas donde investigaban a los detenidos, yo era una secretaria allí, pero yo no nací para ser secretaria, quería trabajar en la captura de terroristas. Cuando supe que se había creado el GEIN al mando del coronel y estratega, Benedicto Jiménez Baca, y el teniente, Marco Miyashiro Arashiro, me presenté y le dije que quería hacer inteligencia y no trabajar tras un escritorio, que me ponga a prueba y le iba a dar buenos resultados.

¿Te sentías preparada para pertenecer a este importante grupo de inteligencia?

La preparación se obtiene en el camino, tú puedes tener mucha teoría, pero la calle te enseña, cómo vivir en la calle, cada uno de nosotros aprendió ahí. El policía está preparado en cualquier momento, pero más experiencia la tenemos en la calle.

Pero muchas personas cuando escuchan la palabra “terrorismo” se alarman, ¿cómo te sentías?

Nuestro trabajo era eso, capturar a los terroristas más sanguinarios, sabíamos a lo que nos metíamos, pero también nos cuidábamos, buscábamos mimetizarnos o disfrazarnos de acuerdo a la zona: a veces de trabajador de limpieza, jardinero, vendedor, canillita, había mil formas para no ser vistos por los terroristas. Llevábamos nuestra mochila con la ropa para vestirnos de acuerdo a la zona, si era zona residencial, bien vestidos; si era zona rural, con chancletas.

Cuéntanos más detalles de ese 12 de setiembre de 1992, ¿cómo se organizó la captura de Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre?

Fue una decisión que se tuvo que aprovechar por una visita que llegaba a la casa de los terroristas Carlos Incháustegui y Maritza Garrido Lecca. Con los indicios que tuvimos de esa casa, con relación a la basura que botaban a diraio, lo que compraban en la panadería, en la farmacia, el medicamento que tomaba Abimael por la soriasis. El estratega era Benedicto Jiménez, sabía sus debilidades. Toda la información que conseguíamos la llevábamos a la base de análisis para ver qué tan importante era esa casa que estaba con la fachada de ser una escuela de ballet de niñas. Fueron cerca de 5 o 6 meses de movimiento y seguimiento que pudo determinar que en esa casa podía estar Abimael Guzmán.

Con todos los indicios y con la anunciada visita, se tomó la decisión. En un principio, a mi compañero Julio Becerra, conocido como “ardilla”, y yo (ahora estamos casados), nos mandaron a una bodega al lado de la casa; como era zona residencial, no podía tomar licor, llevábamos 4 horas con un chizito y una gaseosa de 0.50 céntimos. Yo sudaba, tenía miedo, como cualquier ser humano, temblaba, nos habíamos despedido de nuestros padres porque no sabíamos si íbamos a regresar con vida.

¿Cómo era el trabajo del GEIN, tenían las herramientas necesarias, el Estado los apoyaba?

Nos apoyaba con lo principal, nunca es suficiente para un trabajo de inteligencia que es de diferentes formas. Nosotros caminábamos mucho y viajábamos, comíamos en los ‘agachaditos’, donde nos mimetizábamos en la zona. Yo no podría decirte si fue suficiente o no, porque nosotros estábamos en el campo.

¿Hubo un apoyo real por parte del presidente Alberto Fujimori, quien, junto a Montesinos, se jactan luego del logro de la captura del cabecilla de Sendero Luminoso?

Yo no te puedo responder, porque nosotros estábamos en el campo. Quien te puede responder eso serían los jefes.

¿Cómo fue el momento exacto de la captura de Abimael Guzmán?

Fue un momento de decisión, en el momento en que abren la puerta, caminamos hasta allá y el agente “ardilla” forcejea con el terrorista Carlos Incháustegui y yo con Maritza Garrido Lecca. Disparé al aire para que se asustaran y dar tiempo para que llegue el apoyo que ayude a capturar a Abimael Guzmán, no sabíamos cuánta gente había en la casa, no sabíamos si estaba la “guardia roja” que decían que tenía Abimael.

Entonces, el agente “ardilla” subió para ver la situación de Abimael Guzmán y yo me quedé cerca a la puerta con los terroristas que habíamos reducido. Carlos Incháusteguime me pidió que lo mate porque decía que había traicionado a su partido. Pero nosotros no matábamos, respetamos la vida humana, además que nosotros lo necesitábamos más vivo que muerto, ya luego se iba a encargar el Poder Judicial

 

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