La convivencia de las víctimas con sus agresores, la otra cara de la cuarentena

Por.- Natalia Silvana Valladolid Sayago, docente de la IEP Nuestra Señora de Fátima (Chulucanas)

El mundo está paralizado, se han cerrado las puertas de las casas y dentro están víctimas y agresores, la otra cara de la cuarentena que no se quiere ver. Niñas y mujeres pidiendo a gritos auxilio para dejar de sufrir y encontrar tranquilidad, pero no hay respuesta y ellas siguen sobreviviendo.

Muchas niñas y mujeres están expuestas a maltratos de todo tipo, pareciera que con la situación que atravesamos del COVID-19, esto ha dejado de importar. Sin embargo, la violencia y feminicidios continúan.

La violencia contra la mujer causada por su pareja en los momentos de cuarentena no solo afecta la salud mental de la agraviada, sino también el de su familia (hijas e hijos). Las y los niños que viven en hogares donde hay violencia pueden experimentar efectos negativos, que van desde problemas físicos hasta alteraciones emocionales los cuales pueden perdurar hasta su edad adulta, sino son tratados adecuadamente.

La cuarentena obliga a convivir en un mismo espacio al agresor y a su víctima. ¿Qué hacer? Es una pregunta bastante sencilla a primera vista, pero tan profunda y delicada a la vez.

El gobierno muchas veces carece de criterios para analizar y evaluar los diferentes casos que se presentan y lo que es peor, muchas veces los casos terminan siendo archivados y los agresores terminan libres e inocentes de todo acto.

Como docentes, exhortemos a toda la población, a no bajar la guardia, la violencia debe parar. Luchemos por un mundo sin violencia, mujeres empoderadas y no sumisas, niñas y niños felices con buen trato de la familia y la comunidad.

Denunciemos y sigamos el caso hasta el final, todas y todos podemos poner un granito de arena, no más muertes, no más maltratos.

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