(Foto: Unicef)

Del total de 584 niños venezolanos registrados como migrantes en Perú, el 47 % tiene menos de 5 años, el 25 % oscila entre 6 y 11 años, mientras el 28 % lo constituyen adolescentes de 12 a 17 años. El 52 % son niños y adolescentes hombres y el 48 %, niñas y adolescentes mujeres.

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Sobre el nivel educativo que desarrollaron en Venezuela, el monitoreo muestra que la mayoría de niños, niñas y adolescentes, entre 3 y 17 años, tuvieron acceso a la educación. El 41% cursó algún grado de la educación primaria, el 29% de secundaria y 21%, inicial. Solo el 1% de quienes contaban con edad de estudios primarios o básicos carecían de estudios. En los niños y niñas en edad de educación inicial, 26% no había accedido aún a este nivel.

Respecto a las consecuencias de alejarse de su lugar de origen, el reporte señala que el 62 % de niños y niñas mostraron cambios emocionales fuertes como miedo el temor por perderse, cambios en el apetito, dolores de cabeza y el llanto.

Preocupación

En su ingreso por el Centro Binacional de Atención Fronteriza (CEBAF) de Tumbes, la educación es uno de los aspectos que más preocupan a madres y padres de familia. María Suárez, quien recorrió la ruta desde San Cristóbal a Cucuta, de ahí a Ecuador y luego a Perú con sus dos hijos, lo tiene presente.

“Él no terminó el grado. Desde setiembre no estudia. Espero poder matricularlo para que empiece clases en febrero o marzo, sea en Chile o Perú donde nos quedemos”, dice señalando a su hijo mayor, de 11 años. Jhonsy Delgado Suárez extraña las matemáticas, terminó el quinto grado y el sexto lo dejó avanzado. “Mis amigos también se retiraron, se fueron del colegio y del país. Espero llegar pronto a un colegio nuevo”, menciona. Danna, la más pequeña, de 3 años, empezará su educación en el país que acoja a su familia.

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Madres gestantes y lactantes

De las mujeres encuestadas para el monitoreo, 26 están embarazadas (3%) y 94 en periodo de lactancia (9%). El 26% son madres solteras. En el CEBAF de Tumbes, organismos internacionales como UNICEF colaboran de forma permanente con la atención a madres gestantes, mujeres, niños y adolescentes, quienes llegan después de más de 10 días de caminar o largas horas de viaje en bus.

“He estado en Colombia, pero ya no podíamos seguir ahí porque la situación está difícil. Me vino a recoger mi esposo y nos vamos con Manuel, mi hijo de 3 años, para Chile”, dice Marian Guerrero (37 años), con 7 meses de gestación. En el CEBAF Tumbes pasó por “El Castillo de la Salud”, que promueven UNICEF y Prisma, donde evaluaron su estado y el de su hijo.

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“Nos han hecho controles. Todos estamos bien, pese al viaje. Buscamos un mejor futuro, no para nosotros sino para ellos”, refiere. También recibieron apoyo del “Plan de la Alegría”, un espacio amigable para niñas y niños, promovido por UNICEF y Plan Internacional. “Manuel se ha logrado distraer ahí, y nosotros hacer los trámites de ingreso”, agrega.

El reporte del monitoreo sobre flujo migratorio concluye que es necesario implementar “medidas sobre problemáticas que enfrenta esta población en materia de discriminación, trabajo, educación y salud”.

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