(Foto: OEFA)

El biólogo Yuri Hooker planteó que el Banco de Máncora no sea incluido en la propuesta de creación de la zona reservada Mar Pacífico Tropical, con el fin de facilitar su aprobación por parte del gobierno.

El especialista en biodiversidad submarina explicó que, cuando fue presentada en el 2011, la propuesta incluía los alrededores de la Isla Foca, en Paita; la zona entre Cabo Blanco y El Ñuro; y los arrecifes de Punta Sal, desde el balneario hasta Canoas. Posteriormente fue añadido el Banco de Máncora.

La propuesta formal fue presentada por el Servicio Natural de Áreas Naturales Protegidas del Estado (Sernanp), y apoyada por diversas oenegés nacionales e internacionales, así como por científicos e investigadores.

“Inicialmente la propuesta era crear una reserva natural, [pero] en el 2012 cambia para crear un área transitoria ―la zona reservada― reconocida como importante para realizar estudios y determinar si será reserva, parque nacional, santuario, etc.”, señaló Hooker.

Según dijo, del Banco de Máncora hay poca información sobre biodiversidad, a diferencia del resto de las zonas, y es justamente la parte del mar que mayores conflictos genera a raíz de las concesiones de hidrocarburos, lo cual dificulta la viabilidad para que el gobierno apruebe la propuesta.

Yuri Hooker indicó que la creación de la zona reservada Mar Pacífico Tropical es favorable para la protección, investigación y difusión de la información sobre las especies marinas de dicha área.

Ello propiciaría la pesca responsable y el turismo, e impediría actividades que dañen el ecosistema, como podrían ser la pesca industrial y la extracción de hidrocarburos.

El rechazo de la Sociedad Peruana de Hidrocarburos se debe precisamente a ese último punto, pues, si procede la propuesta del Sernanp, las empresas de hidrocarburos con contratos con el Estado no podrían operar libremente.

En el espacio en cuestión se encuentran las corrientes marinas cálida y fría, lo cual permite que el mar genere el 70 % de recursos hidrobiológicos de consumo humano directo. Se trata de un área de 116 mil 140 hectáreas, donde conviven ballenas jorobadas, tortugas marinas, crustáceos, moluscos y muchas especies de peces.

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