Obispo, Reinaldo Nann

Reinaldo Nann el Obispo de Caravelí en Arequipa, a través de sus redes sociales se refirió sobre el comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana y el arzobispo de Lima donde no respaldan al arzobispo de Piura, José Antonio Eguren Anselmi. 

Donde además le pidió a José Eguren Anselmi que renuncie al Sodalicio antes que el Papa Francisco lo saque como a Juan Barros

¿Ahora el presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y el arzobispo de Lima son los malos porque han hecho un comunicado donde no respaldan al arzobispo de Piura en su querella judicial contra un periodista? ¿Ya no hay fraternidad en la Iglesia?

Fraternidad sí, pero también corrección fraterna. La crisis de los abusos sexuales nos ha mostrado que no puede haber un espíritu de cuerpo cuando se trata de crímenes a los menores.

Ni la Conferencia Episcopal ni yo como uno de sus miembros hemos acusado a monseñor Eguren de abusador o encubridor. No tenemos pruebas. Pero hay muchas sospechas. Monseñor Eguren fue uno de los más cercanos al peor abusador sexual de menores en el Perú: Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio. El Sodalicio actualmente es investigado por la fiscalía de ser una “asociación para delinquir”, es decir, para cometer todo tipo de abusos.

Hay 5 abusadores y más de 50 víctimas del Sodalicio identificados y parcialmente indemnizados. Para mí es un misterio por qué Monseñor Eguren no sale de esta asociación podrida y por qué el Vaticano se demora tanto en disolverla. Y Monseñor Eguren dice que no vio nada y no sabe nada. Esto lo hace sospechoso de encubrimiento, aunque no puede ser acusado de esto sin pruebas.

¿Por qué lo llaman el Juan Barros del Perú? Porque hay muchas similitudes. Como sacerdote, Barros ha estado muy cerca del fundador de los sacerdotes “Del Bosque” en Santiago de Chile y luego fue nombrado obispo. Dijo no haber visto ni sabido nada de los abusos que se cometieron casi en sus narices. El papa Francisco le creyó mucho tiempo hasta que, enviando investigadores a Chile, cambió de opinión y lo sacó. Si es difamación comparar la actitud de Eguren con la de Juan Barros, que me metan preso a mí también.

El periodista Pedro Salinas no es ningún santo. Como exmiembro del Sodalicio, es una persona herida por los abusos físicos, de conciencia y de autoridad sufridos en esa organización. Él no es neutral en su lenguaje, es ácido y ofende, como es típico para muchas víctimas. Posiblemente alguna de sus palabras podrían ser interpretadas como difamatorias. Pero sabiendo de quién vienen estas palabras, el obispo Eguren debía de habérselo perdonado. Enjuiciar a Pedro Salinas de parte de un miembro destacado del Sodalicio es re-victimizarlo. Es por lo menos un acto de imprudencia y sospechoso de ser una venganza.

Yo estuve feliz de este comunicado de la Conferencia Episcopal. Porque no son solo dos obispos los que no están de acuerdo con monseñor Eguren, son muchos. Y no quiero que la opinión publica me identifique a mí ni a la Iglesia con el apoyo a un cuestionado obispo del Sodalicio. Personalmente, le aconsejaría a monseñor Eguren que se distancie del Sodalicio, y en caso contrario, que renuncie, antes de que el papa Francisco lo tenga que sacar como a Juan Barros.

Hay que luchar decididamente contra el abuso sexual de menores y su encubrimiento en la Iglesia y en la sociedad. Ni acusaciones sin pruebas ni defensas cerradas sin conocer el fondo.

Publicado por el obispo en su cuenta de Facebook

Fuente: La República

1 Comentario

  1. Hoy en día todos caminamos tratando de evadir «las minas sembradas» por sospechas, por dudas, por agravios, por maltrato físico, por desconfianza; por leyes que no conocemos; por incidencias contra la niñez desde el propio Estado; por la paternidad sobreprotectora a los hijos en lugar de establecer reglas que les den seguridad, etc. etc. etc. Y ahora constatamos que todo nos pasa por que no hemos formado a una persona consciente ni en casa ni en la escuela. Duele también que asesores legales, administradores y toda laya de subordinados no prevengan implicancias en contra del mandante. Esto ha dado un resultado funesto para el caso que nos ocupa. Dios guíe y proteja al señor Arzobispo de Piura.

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