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Escribe: Federico Chunga Fiestas

Como lo señala la Organización Mundial de la Salud (OMS), el género se refiere a las características, normas y roles que la sociedad asigna a mujeres y hombres, y a las relaciones que existen entre ellos. Estas características no son naturales porque lo que se espera de uno y otro género varía de una cultura a otra y puede cambiar con el tiempo.

Por ello el enfoque de género expresa la necesidad de reconocer que no hay una sola forma de ser hombre o de ser mujer y que el desarrollo personal de cada individuo no debe depender del sexo con el que nació sino que debe brindársele a todos y todas por igual las mismas oportunidades de desarrollar al máximo sus potencialidades.

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Esto quiere decir que tanto hombres como mujeres deben estar en igualdad de condiciones para ser lo que quieran ser: madres, padres, profesionales, políticas, intelectuales, científicas, deportistas, agricultoras, pescadoras, artistas, técnicas. También supone reconocer que hay identidades sexuales distintas y que las relaciones afectivas heterosexuales no son las únicas que merecen respeto.

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El enfoque de género es pues una expresión del enfoque de derechos humanos, que lo único que hace es subrayar una verdad fundamental: que todas las personas, independientemente de sus características individuales, tenemos los mismos derechos por el solo hecho de ser seres humanos, que niños y niñas, hombres y mujeres, homosexuales, transexuales y heterosexuales somos igualmente ciudadanos de este país y merecemos las mismas oportunidades y ser tratados con la misma dignidad.

Enseñar eso en las escuelas es básico y es una condición para la formación de ciudadanía. Lo es sobre todo en un país como el nuestro en el que grandes sectores de mujeres son tratadas como ciudadanas de segunda categoría, expuestas a un machismo que las avasalla, las violenta y en no pocos casos, las mata.

Lo es en un país en el que las mujeres tienen menos acceso a la salud, incluyendo la sexual y reproductiva, a la educación, a derechos laborales o a derechos culturales.

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Educar con enfoque de género es dar a los niños, niñas y adolescentes la oportunidad de desmontar una serie de prejuicios instalados por décadas en nuestro entorno social, que lo único que han hecho es mantenernos en el subdesarrollo, negándole a generaciones enteras la posibilidad de vivir plenamente.

Negar el enfoque de género en la educación, como lo vienen intentando organizaciones ultraconservadoras como «Con mis hijos no te metas». es empecinarse en vivir en un pasado oscurantista donde, por ejemplo, las mujeres deben mantenerse vírgenes porque la virginidad es su único valor, o donde se juzga a alguien no por su aporte a la sociedad sino por la forma en que vive su sexualidad.

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